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La Entrevista: Néstor Verde

Chenrui Pan,

  • ¿Cuál sería tu Elevator Pitch? 

Soy CIO y CTO fraccional. Ayudo a avanzar y desatascar, por así decirlo. Dirijo la tecnología de compañías que necesitan criterio de dirección pero no un directivo a tiempo completo ni un proyecto de consultoría. Ahora mismo llevo la dirección de sistemas de un grupo de logística internacional de unas 3.000 personas y de un operador 3PL, en paralelo y en remoto. Antes fui CTO en compañías de desarrollo de software, así que he estado en los dos lados de la mesa: en el que construye tecnología y en el que decide si entra o no en una empresa. Son treinta y tres años y varios cientos de proyectos, y lo que más me ha enseñado ese recorrido es a ver pronto por dónde se va a atascar algo. Al final mi trabajo es que las cosas ocurran, y ocurren dentro de una empresa, no en un informe.

 

  • ¿Cuál es el factor clave de tu posible éxito?

Que ocupo las dos alturas de la empresa. Me siento en el comité de dirección y también entro en la daily de los equipos a escuchar, y eso es lo que me permite ejecutar de forma táctica lo que se decide en el plano estratégico, que es donde se caen muchas estrategias. Con ese doble ángulo hay decisiones que se toman en cinco minutos, porque conoces el detalle y no necesitas un proyecto de análisis para saber qué hacer, y otras que hay que dejar reposar unos días. Distinguir cuál es cuál es buena parte del trabajo. Y como son mandatos de largo recorrido, convivo con las consecuencias de lo que decido, así que no me puedo permitir recomendar algo que sé que no va a aguantar.

 

  • ¿En qué proyecto estás trabajando actualmente? 

En lo que trabaja cualquier dirección de tecnología, aunque no siempre se cuente así: decidir en qué se invierte y en qué no, qué se compra y qué se construye, cómo entra la inteligencia artificial sin comprar el ruido que la rodea, y cómo se gobierna todo eso para que cumpla, sea seguro y no dependa de que una persona concreta se acuerde de algo. Y hay una parte que me importa especialmente, que es que la tecnología mejore el trabajo de la gente que la usa, no que se lo complique. Cuando eso no pasa, el proyecto acaba muriendo aunque técnicamente funcione. 

En proyectos concretos, ahora mismo llevo varios frentes que ilustran bien esa decisión de comprar o construir. Uno es la implantación de una solución muy vertical para la gestión de un almacén logístico, donde el producto de mercado existe y es bueno, y el trabajo real está en encajarlo con la operación que ya hay, no en el software. 

Otro es el opuesto: un fabricante de maquinaria pesada que necesita demostrar la trazabilidad de la calidad metalúrgica de sus componentes, con esa información repartida en certificados y documentos técnicos que llegan de proveedores distintos, cada uno con su formato y muchos en papel escaneado. Toca construir, con inteligencia artificial una solución que para el control de calidad a medida que además extrae la información de cada documento y la deja donde el resto de la operación puede usarla. Lo interesante no es el modelo: es que un dato que antes solo existía dentro de un PDF pasa a estar disponible cuando alguien lo necesita, y que quien se dejaba las horas buscándolo ahora las dedica a otra cosa. 

Y como tercer caso, varios proyectos de zonas privadas de cliente en websites también a medida, para venta B2B o para que un cliente consulte por su cuenta el estado de sus envíos y transportes. Suena menos vistoso que la inteligencia artificial y suele tener más impacto directo en el negocio. 

 

  • ¿Cuál es el error que más se repite en los proyectos tecnológicos que ves? 

Elegir la solución antes de entender el proceso. Se decide qué se va a implantar en una reunión de dirección o en una demo de proveedor, y sólo después se baja a ver cómo trabaja realmente la gente que va a usarlo. Entonces aparecen las excepciones, que en cualquier empresa con años de operación son muchas y casi ninguna está documentada, y el proyecto se pasa el resto de su vida pagando esa deuda: en desarrollos a medida que nadie había previsto, en formación para que la gente haga las cosas al revés de como las hacía, o directamente en un Excel paralelo que sobrevive al sistema nuevo. 

Lo curioso es que el fallo casi nunca es de criterio técnico. La solución elegida suele ser razonable. Lo que falta es la semana de haberse sentado a mirar cómo funciona aquello de verdad antes de firmar, que es la parte que parece que se puede saltar y es justo la que no. 

 

  • ¿Qué estás aprendiendo ahora? 

A estas alturas de carrera la tentación es dejar de bajar al barro y quedarse en el criterio. Yo hago lo contrario: sigo bajando, y de ahí sale casi todo lo que aprendo. Cada empresa y cada proyecto son un caso nuevo, y como trabajo por incrementos y a ritmo rápido, aprendo mientras entrego en vez de aprender antes de entregar. Si tengo que señalar un tema concreto ahora mismo, es dónde aguanta de verdad la inteligencia artificial cuando pasa de piloto a producción: enseñar una demo que funciona es fácil, y muy difícil que siga funcionando con datos reales y con gente usándolo cada día, porque los usuarios tienen una expectativa muy alta, condicionada por las grandes herramientas generalistas del mercado. Ahí es donde se decide si la inversión sirvió de algo o fue un experimento caro. 

 

  • ¿Por qué decidiste unirte al 22@Network Barcelona? 

Por dos motivos que van juntos. El primero es el criterio: mi trabajo consiste en decidir bastante solo, y contrastar con gente que decide en contextos muy distintos vale más que cualquier informe de mercado. El segundo es que quería aportar, no solo asistir. Una asociación así vale por el trabajo que se hace dentro, no por figurar en la lista de socios, y entré con la intención de estar en esa parte. 

 

  • ¿Qué aportas al ecosistema 22@? 

Estar en el sitio donde se decide. Buena parte del ecosistema construye y vende tecnología, y yo estoy dentro de la empresa que la va a usar, con el presupuesto y las consecuencias encima. Ahí decido tanto qué se compra como qué se construye a medida, así que conozco el oficio por dentro: cuándo tiene sentido desarrollar algo propio, cuándo es un error y qué hace falta para que aguante después. Sé bastante bien por qué se caen estos proyectos, y casi nunca es por la tecnología. Y con los proyectos que llevo vistos, lo que más puedo aportar no es una solución concreta, es criterio sobre cuáles de los que se están empezando aquí van a llegar a algún sitio. 

 

  • ¿Qué es lo que te atrae de este ecosistema? 

La densidad. En muy pocos metros hay corporación, startup, centro de investigación y administración, una mezcla que no existe en cualquier lugar. Y las conversaciones que valen la pena salen casi siempre de los cruces, no de los sectores puros: alguien que resuelve un problema con las herramientas de otro oficio puede llegar más lejos que quien lleva veinte años mirando el mismo problema desde dentro. 

 

  • ¿A quién conoces que crees que toda la comunidad 22@ debería conocer? 

Más que una persona, un perfil: directores generales y de operaciones de industria mediana de fuera del área metropolitana. Alimentación, química, metal, logística. Son empresas que facturan mucho, deciden rápido y apenas aparecen por el distrito, en parte porque no se ven a sí mismas como empresas tecnológicas aunque cada vez lo sean más. Muchas empresas de servicios, son prácticamente tecnológicas porque viven de mover datos de calidad. Creo que ahí hay un intercambio pendiente en las dos direcciones. 

 

  • ¿Cómo definirías la innovación en el distrito 22@? 

Abundante y desigual. Hay muchísima capacidad de crear cosas nuevas y bastante menos hábito de preguntarse qué pasa con ellas dos años después. Para mí innovar no es presentar algo, es que ese algo siga en pie cuando ya no hay nadie mirando y la gente lo usa cada día porque le facilita el trabajo. Es una vara de medir incómoda y poco lucida, pero es la única que se acaba notando en la cuenta de resultados. Si no te dieron las gracias por esa mejora técnica y un día deja de funcionar y te dicen que sin ella no pueden seguir trabajando entonces es cuando confirmas la hipótesis al completo desgraciadamente. 

 

  • ¿Cómo definirías la sostenibilidad en el distrito 22@? 

Cada vez más como un problema de datos. La regulación entra como marco general y aterriza siempre en una pregunta muy concreta: demuéstrame la trazabilidad y la huella de esto, con evidencia. La distancia entre lo que una empresa declara y lo que puede demostrar con sus sistemas suele ser enorme, y ahí es donde se juega de verdad. Es un trabajo poco vistoso, de integrar información dispersa y ponerla en condiciones de ser auditada, pero sin eso lo demás es una declaración de intenciones. 

 

  • ¿Cómo te ves en 5 años? 

Me veo haciendo lo mismo que ahora: aportando de forma fraccional en unos pocos proyectos, elegidos con cuidado, y con presencia en algún consejo de administración. Quizás inicie algún proyecto o posición nueva, siempre en el sitio que me parezca adecuado y sin abandonar mis otros compromisos. Lo que me interesa ya no es hacer más cosas, es participar en decisiones mejores y ayudar a que otros las tomen antes de estrellarse. 

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